Pov Marko
La noche nos envolvía como una manta pesada en este búnker. Enrique caminaba en círculos, su sombra danzando contra las paredes como una fiera que no encuentra salida, mientras Katia, con los nervios estallando por cada poro, no dejaba de cuestionar mi estrategia. El ambiente estaba cargado de una electricidad sucia, esa que solo nace cuando los planes empiezan a tomar un rumbo del que no hay retorno posible.
—¡Es una locura, Marko! —exclamó Katia, golpeando la mesa con una rabia que