Las paredes de la celda son mi única compañía, un bloque de hormigón gris que parece cerrarse sobre mí cada hora que paso encerrado. Marko ganó la primera batalla al dejarme aquí, tres días incomunicado, mientras mis gemelos y Lorena fueron trasladados a mi refugio en Miami bajo el cuidado de Carmen.
Yo sigo aquí, lidiando con audiencias que se burlan de mi justicia, sintiendo cómo los barrotes se clavan en mi piel como si fueran garras. El tiempo aquí no corre; se arrastra, gotea como una tort