Pov Nikolái
El mar golpeaba el casco de la lancha con una furia sorda, casi tan violenta como el latido de mis sienes. No miré atrás; la oscuridad de la noche era nuestra mejor aliada mientras nos acercábamos a aquel trozo de tierra maldito donde ella estaba cautiva. Mis hombres estaban listos, una sombra colectiva moviéndose con una precisión quirúrgica, y yo solo tenía un objetivo quemándome en las venas.
El desembarco fue un caos controlado. Apenas tocamos la arena negra, me puse en marcha. E