Pov Abril
Enrique llegó a la hora del almuerzo con su energía habitual, caminando con paso firme y esa sonrisa que, aunque parecía perfecta, nunca terminaba de alcanzar sus ojos. Había preparado un almuerzo estupendo, como solía hacer cada vez que quería marcar territorio o recordarme que él era el proveedor de mi realidad.
Me senté frente a él, mientras observaba cómo servía el vino con una calma que comenzaba a ponerme los nervios de punta.
Comimos en un silencio inusualmente cargado, donde el