ISABELLA
Pedro Genaro me tomó de la mano mientras me guiaba fuera de la casa de la manada hacia un auto que tenía un conductor esperándonos dentro.
Como íbamos a pasar al mundo humano, él había decidido que iríamos en el auto.
Había tantos ojos puestos en mí mientras Pedro Genaro me guiaba hacia el auto, y un buen número de personas murmuraban entre sí.
A Pedro Genaro no parecía importarle esto, de hecho, era como si quisiera anunciar a todos que yo estaba con él.
Llegamos frente al auto y Pedr