Asher
El fuego no era un castigo; era una purga necesaria que devoraba las mentiras que habíamos erigido durante años sobre un lecho de cadáveres.
Mis pulmones ardían con cada bocanada de aire viciado, pero el dolor físico era apenas una sombra comparado con la hemorragia de mi propia alma.
—Crees que este odio nació de la nada, que desperté una mañana queriendo ver tu mundo arder por simple capricho o deseo de poder —dije entre toses.
Me aferré a la barandilla de piedra caliente, sinti