Ciento veinte.
Pedro Genaro
Las pesadas campanas de hierro del pueblo bajo oscilaron con el viento, golpeando los postes con un ruido sordo y metálico que resonó por las paredes del cañón. Abajo, la manada estaba de pie en filas delgadas, con los hombros encorvados contra el aire helado de la montaña. Las hogueras parpadearon en los pozos, pero apenas emitían calor, y el brillo naranja apenas alcanzaba las caras de las familias que se amontonaban en la tierra.
Recosté mi peso contra la roca irregular del acan