Isabella
El aire en el patio se estaba espesando con el hedor acre y asfixiante a pino quemado y piedra húmeda, vieja de siglos. A medida que el caos se intensificaba, nuestras fuerzas leales se movían con una eficiencia letal y practicada, barriendo los establos y las estructuras de apoyo exteriores como una guadaña a través del trigo.
Ya no estábamos librando una escaramuza dispersa; estábamos apretando el lazo, reclamando cada centímetro de este territorio que había estado bajo el pulgar