Pedro Genaro
El aire sobre la terraza principal parecía vibrar con una intensidad eléctrica, cargado de ozono, polvo y el hedor inconfundible a hierro quemado y sangre.
Mis botas resonaban con un eco sordo, casi rítmico, contra la piedra pulida mientras cruzaba el umbral hacia el espacio abierto del patio central.
Dejaba atrás el caos frenético de mis hombres, los gritos de guerra y el humo denso que aún asfixiaba los niveles inferiores, transformando todo en sombras.
El escenario era u