Mis piernas se sienten de gelatina cuando me levanta y se ve obligado a cargar todo mi peso con su increíblemente paranormal fuerza, llevándome hasta el lavado y obligándome a inclinarme sobre él para enjuagar mi boca y lavar mi rostro.
No dice nada mientras me ayuda a lavarme, y me siento demasiado cansada como para cortar el silencio tenso que hay entre ambos, el cual me advierte que se encuentra enojado conmigo.
Con suavidad, toma de mi cintura y me sienta sobre el lavado, posicionándose entre mis piernas, antes de remojar su mano y llevarla a mi nuca para refrescarme del calor sofocante que me está haciendo sudar.
Mis ojos se cierran instintivamente al sentir su tacto sobre mi piel y la frescura del agua que alivia los restos de náuseas que quedaron en mi sistema. Instintivamente, me inclino un poco hacia atrás para pegarme más a su toque, antes de subir mi brazo libre del cabestrillo a su duro pecho para sostenerme de la camisa que Troian le ha dado para poder hablar con La Corte