Mis piernas se sienten de gelatina cuando me levanta y se ve obligado a cargar todo mi peso con su increíblemente paranormal fuerza, llevándome hasta el lavado y obligándome a inclinarme sobre él para enjuagar mi boca y lavar mi rostro.
No dice nada mientras me ayuda a lavarme, y me siento demasiado cansada como para cortar el silencio tenso que hay entre ambos, el cual me advierte que se encuentra enojado conmigo.
Con suavidad, toma de mi cintura y me sienta sobre el lavado, posicionándose ent