Artemisa
No sé cuánto llevaba sintiendo mi cuerpo como si flotara. Quería moverme pero algo me detenía, al estirarme y querer subir la sabana con la que me tapaba me di cuenta que mis muñecas estaban amarradas a cada lado de la cabecera de mi cama.
El terror lo siento hasta en el último cabello de mi cuerpo mi piel se erizo y mi garganta se seco de golpe.
por más que luchaba por sacarme de estás esposas de piel color rojas estaba bien atada a ellas.
Y es ahí donde me doy cuenta que no solo mis