Cuando los D’Alesso se van, suelto el aire por fin. Tener a Ragnar cerca me pone los pelos de punta y me recuerda el miedo que tuve en esa casa en la que pretendió hacerme cenizas. No puedo olvidarme de eso, y noto que Ares tampoco por el enojo que desprende su mirada cuando ve a Ragnar alejarse.
—Si vuelve a perder la puta cabeza le haré perder el maldito aliento. No lo tendré cerca de ti — habla entre dientes mientras saca su teléfono del bolsillo y manda algunos mensajes.
—¿Crees que siga… e