Mia despertó, gritando a todo pulmón.
El grito resonó en toda la habitación, desgarrador y lleno de desesperación. Mia se sentó jadeando, tenía todo su cuerpo empapado en sudor, su respiración era rápida y errática. Todo a su alrededor era confuso: las paredes de piedra del castillo, la tenue luz del amanecer filtrándose por las ventanas, el eco de su propio grito todavía rondando en su mente. Por un instante, no pudo discernir si seguía soñando o si había regresado a la realidad.
Deimos irrump