La tormenta de repente se desató nuevamente y estaba azotando el castillo, y el repiqueteo de la lluvia sobre las ventanas parecía marcar el ritmo acelerado del corazón de Mia. La tensión entre ella y Seth se había vuelto insoportable, como si los muros del gran salón contuvieran una presión a punto de estallar. Mia no podía permitir que Seth cayera en la misma trampa que su padre. Sabía que Aamon era un enemigo astuto, que no solo destruía a sus oponentes con fuerza bruta, sino que los consumí