Seth estaba demasiado cansado para pelear. Demasiado roto para insistir.
—Está bien —murmuró, clavando la mirada en el horizonte, donde las sombras del bosque se retorcían como serpientes. —Pero cuando Aamon venga, cuando todo se derrumbe, estaré aquí. Aunque sea solo como tu aliado.
Mia lo miró entonces, de verdad lo miró, y por primera vez en días, Seth vio el dolor que ella escondía.
—Lo sé —susurró.
Y eso fue peor que un adiós. Porque significaba que ella todavía confiaba en él, aunque no d