Al llegar al asentamiento de la manada de Lukas, su rostro reflejando una determinación férrea. Sin perder un segundo más, se dirigió directamente hacia la tienda del médico del clan, una anciana conocida por su sabiduría y su amabilidad. Su cabello blanco contrastaba con sus ojos vivaces, que parecían ver más allá de lo evidente. Con manos expertas y movimientos seguros, revisó la situación de Amelia.
—Es grave. —Murmuró la anciana, susurrando como si las palabras pudieran alterar el delicado