El antro apesta a cigarro, a sudor y a malas decisiones.
El bajo retumba en mis costillas mientras empujo a la gente para avanzar. A cada paso, el aire se vuelve más pesado, cargado de alcohol barato y cuerpos demasiado juntos. Vanessa va a mi lado, tan fuera de lugar como yo, pero con esa mirada de asco que siempre tiene cuando la meto en este tipo de cosas.
—Dime otra vez por qué vine contigo —gruñe, apartando a un tipo que intentó rozarla de más.
—Porque tienes auto y te encanta el