El sonido del timbre final llega como un alivio, y los alumnos empiezan a empacar sus cosas. Vanessa y yo nos miramos de reojo, como siempre lo hacemos cuando la clase termina. Me levanto lentamente, guardando mis cosas, pero algo en su actitud se siente diferente. Ella no parece la misma. Y yo, por más que lo intente, no puedo dejar de pensar en las veces que la he visto mirar su teléfono de manera sospechosa, como si esperara un mensaje que nunca llega.
Hace días que lo noto, pero hoy es