La mañana siguiente no trajo cadenas, ni órdenes, solo el sonido de la respiración del Ala de Obsidiana a su alrededor. Se despertó tomándose su tiempo, sintiendo la suavidad de la cama, el suave pelaje debajo de ella. Se sentía bien dormir entre sábanas tan cálidas. Se preguntó cómo lo estaría llevando su gente, si estarían bien, si Ragnar cumplía su palabra.
El viento susurraba secretos a través de las grietas de la piedra, y el frío se filtraba como un recuerdo. Atenea se refrescó y se visti