El aroma fue lo primero que notó.
Una mezcla difusa de sándalo y humo, algo antiguo, pero inquietantemente familiar, se filtró en su conciencia. Intentó abrir los ojos, pero sentía los párpados pesados.
La sábana más suave rozó su piel y, por un instante fugaz, Atenea pensó que había despertado en el cielo.
¿Estoy muerta?
Pensó. Pero el dolor agudo y palpitante en sus pies, el dolor sordo en sus huesos y la pesadez alrededor de su corazón rápidamente le trajeron de vuelta los recuerdos de la no