— Maldita sea, mil veces maldita seas Olivia - Mariana estaba histérica - Juré que nunca serías competencia para mí, y si acepté que te casarás con él y que seas tú la que le dé el hijo que yo no quiero darle.
— Mariana, te puedes callar, no olvides que las paredes tienen oídos, ni se te ocurra expresar en voz alta aquel secreto, de lo contrario olvídate de la fortuna Dumonts, ahora tenemos un problema más grave que solucionar - Teodora Dacosta se veía aterrada e histérica.
— Claro, debo calmar