2 AÑOS DESPUÉS
Las calles de Roma estaban vestidas de oro y sombra, como si el atardecer las hubiera tocado con dedos de fuego. El aire olía a jazmín, piedra antigua y promesas que no se dicen en voz alta, pero se sienten en el pecho. Aidan caminaba junto a Olivia, tomándola de la mano como si el mundo fuera demasiado frágil para no hacerlo.
No era la primera vez que caminaban por esa ciudad, pero esa noche todo parecía distinto. Roma, con sus ruinas eternas y fuentes cantoras, se convertía en