Otra vez robando, otra vez escabulléndose y viajando escondido en carretas de pueblo en pueblo, de manada en manada. Era lo mismo en la primera y en la que aún no había llegado. Todos reaccionaban igual nada más notar su apariencia, por más que se las ingeniaba por ocultar.
Pero después de dos años viviendo como un carroñero, un renegado sin manada. Ashven había logrado obtener un poco de estabilidad. Usurpar una cabaña tirada abajo por el abandono le proporcionó su refugio. El lugar era inest