Retorno II
En cuestión de segundos, frente a ella, estaba la enorme forma lobuna de Ashven: Un blanco oscuro como humo de sahumerio, con abundante pelaje en el pecho palpitando con cada respiración. Ojos como brasas ardientes, afilados, alerta. Poderosos.
Ana tragó saliva.
Ashven bajó la cabeza y emitió un sonido grave, casi un bufido que era claramente un “vamos”, y luego señaló el bosque con el hocico.
-¿Quieres que…? -Ana levantó ambas manos señalándose a sí misma. -¿Que yo…?
El lobo inclinó