Dominar II
Ana empujó la carreta un tiempo hasta que se cansó, de todas formas ese hombre lo hacía sin mostrar una gota de sudor. Ella, en cambio, todavía tenía el pulso acelerado por la emoción, por ese descubrimiento que la hacía sentir viva. No podía evitarlo: cada nuevo paso que daba, cada intento por “sentir” eso dentro de sí, despertaba un cosquilleo que se extendía desde el pecho hasta los dedos. Además, desde el momento que recibió el apoyo de Charlotte todo el peso en sus hombros se ha