Agotamiento
Ana llevó la bandeja hasta una mesa vacía, agradecida por el silencio del comedor. Después del tumulto del salón de cuidadores, la quietud era como una caricia para los nervios como una suave brisa. Comió con prisa al principio, como si temiera que alguien llegara a pedirle un trozo de lo suyo, pero a medida que el hambre se saciaba, se tomó el tiempo de saborear bien aquel manjar. Sentía el cuerpo pesado, como si aún llevara colgando a los cuatro niños que la habían usado de colump