Explota tu Don
El entrenamiento siguió, pero los roces no desaparecieron. Cada corrección de Ashven hacia ella era más directa. Más cercana. Y cada vez que sus miradas se cruzaban, había algo no dicho flotando entre ambos.
Ana lo sintió durante toda la segunda parte de la clase. No era hostilidad, ni favoritismo. Era una atención constante, tensa, como si Ashven estuviera midiendo no solo sus movimientos, sino cada respiración, cada pequeño desliz en su control. Eso la ponía nerviosa. No porqu