Explota tu Don
El entrenamiento siguió, pero los roces no desaparecieron. Cada corrección de Ashven hacia ella era más directa. Más cercana. Y cada vez que sus miradas se cruzaban, había algo no dicho flotando entre ambos.
Ana lo sintió durante toda la segunda parte de la clase. No era hostilidad, ni favoritismo. Era una atención constante, tensa, como si Ashven estuviera midiendo no solo sus movimientos, sino cada respiración, cada pequeño desliz en su control. Eso la ponía nerviosa. No porque dudara de su capacidad física, sino porque sabía que su Don respondía a estados que no siempre podía anticipar.
Después de su demostración, el entrenamiento no se detuvo. Ashven llamó a otra de las chicas del grupo, una joven de cabello oscuro recogido en una trenza húmeda, incluso en pleno frío.
-Ahora tú. Adelante.
La chica asintió sin titubear. Se arrodilló sobre la nieve y apoyó ambas palmas en el suelo. El aire se tensó apenas, y un murmullo húmedo comenzó a escucharse bajo la superficie