Como si nada
Ana decidió que ese día iba a ser normal.
Se levantó temprano, se vistió sin pensar demasiado y bajó al comedor antes de que la fortaleza despertara por completo. El olor a comida recién hecha y a infusión caliente llenaba el salón, y durante unos segundos logró engañarse: si el mundo seguía girando, si nadie la miraba raro, entonces nada había pasado.
Se sentó con su plato frente a Charlotte y comenzó a comer. No tenía hambre, pero masticaba de forma automática con la cabeza perdida en pensamientos sin importancia, todo para evitar recordar lo de anoche.
-¿Qué pasó con Ashven? -La voz de Charlotte cayó como una piedra en el agua quieta.
Ana levantó la vista de golpe. El tenedor quedó suspendido en el aire un segundo más de lo normal.
-¿Eh? -Dijo, demasiado rápido. -Nada ¿De qué hablas? -Sonrió. Una sonrisa torpe, mal calculada.
A Charlotte le resultó extraño la forma tan a la defensiva y se quedó unos segundos observándola con el ceño levemente fruncido.
-Bueno… anoche