Como si nada
La noticia se propagó rápido.
No como un anuncio formal ni con trompetas, sino como lo hacían siempre las cosas importantes en Imperial. Un anuncio, un papel con un listado de nombres, el entrenador y ya. Para cuando Ana llegó al patio de entrenamiento, ya había notado algo distinto. No solo por la disposición de los grupos, sino por quiénes estaban allí.
Personas que Ana sabía que tenían Dones.
No todos, pero sí demasiados como para ser coincidencia.
Se detuvo un segundo antes de cruzar el umbral del patio, observando con más atención. Astrid estiraba los hombros a un lado y su hermana hablaba con Tera, Char y Mohan conversaban con otros dos hombres que Ana sabía —porque lo había visto— que podían manipular la tierra, el agua. Incluso una mujer que casi nunca se mezclaba con los demás, que al parecer tenía una capacidad para alterar la sangre estaba allí.
Y en el centro, con la típica postura tan erguida y despreocupada, con las manos cruzadas detrás, Ashven.
Ana frunci