Después del Golpe
Ashven no se movió.
No porque no entendiera la orden, sino porque su cuerpo tardó un segundo más de lo normal en obedecerle a la razón. El ardor en la mejilla era real, punzante, pero no era eso lo que lo había dejado inmóvil. Era la expresión de Ana. No la furia, esa la conocía, sino la ¿decepción? algo seca, cortante, como si hubiera confirmado algo que prefería no saber de él.
Cuando finalmente dio un paso atrás y salió del umbral, lo hizo sin mirarla otra vez. No se permitió el lujo. Si lo hacía, sabía que iba a decir algo más… y ya había dicho y hecho demasiado. El golpe de la puerta resonó en todo el pasillo.
Caminó por el pasillo con el pulso acelerado, la respiración contenida y la cabeza llena de ruido o eran los latidos aturdiendo. Cada paso resonaba más fuerte de lo que debería. El castillo estaba en silencio, pero él sentía que todo lo observaba.
Idiota.
La palabra le atravesó la mente con violencia. Abrió y cerró su mano mirándola, había quemado parte d