Después del Golpe
Ashven no se movió.
No porque no entendiera la orden, sino porque su cuerpo tardó un segundo más de lo normal en obedecerle a la razón. El ardor en la mejilla era real, punzante, pero no era eso lo que lo había dejado inmóvil. Era la expresión de Ana. No la furia, esa la conocía, sino la ¿decepción? algo seca, cortante, como si hubiera confirmado algo que prefería no saber de él.
Cuando finalmente dio un paso atrás y salió del umbral, lo hizo sin mirarla otra vez. No se permit