Frío como Hielo
El templo todavía olía a incienso cuando Ana salió con la cabeza llena de pensamientos que no lograban ordenarse. La voz de la chamana seguía resonándole en la cabeza como un eco molesto.
Camino sinuoso… piedras… la Diosa en el corazón.
-Claro. -Murmuró para sí. -Nada más simple que el acertijo de un chamán.
Sacudió la cabeza como si así pudiera desalojar las palabras, nada saldría de pensar mucho en eso y, sin pensarlo demasiado, giró rumbo a donde siempre encontraba tranquilidad y distracción: la cocina.
El cambio fue inmediato. El calor de los hornos, el ruido de ollas, el vapor y las voces superpuestas la recibieron como si hubiera cruzado a otro mundo. Nadie se sorprendió al verla entrar; Ana ya era una presencia habitual, una sombra que aparecía cuando el estómago mandaba… Cómo Charlotte.
-¡Eh! -Dijo una de las mujeres sin levantar la vista. -No metas la mano ahí, quema.
Ana ya tenía medio pan en la boca.
-Vale el riesgo. -Respondió con la boca llena y abriend