Frío como Hielo
El templo todavía olía a incienso cuando Ana salió con la cabeza llena de pensamientos que no lograban ordenarse. La voz de la chamana seguía resonándole en la cabeza como un eco molesto.
Camino sinuoso… piedras… la Diosa en el corazón.
-Claro. -Murmuró para sí. -Nada más simple que el acertijo de un chamán.
Sacudió la cabeza como si así pudiera desalojar las palabras, nada saldría de pensar mucho en eso y, sin pensarlo demasiado, giró rumbo a donde siempre encontraba tranquil