Chamana
La mañana comenzó al alba con Ana. Se había despertado demasiado temprano y ya no pudo dormirse, por lo que decidió pasar por el templo antes de comenzar el día.
Ana no sabía bien por qué había decidido ir allí. Podía haber ido a la biblioteca, pero no había sido una decisión pensada, más bien una deriva. Sus pasos la llevaron sola, como si el cuerpo recordara un camino antes que la cabeza. Quizás era el silencio que necesitaba, o el peso de demasiadas miradas acumuladas en los últimos días.
El aire dentro del templo era distinto. Más fresco, cargado de aromas a hierbas secas, resina y cera derretida. Los primeros rayos de luz entraban por aberturas altas, dibujando columnas pálidas que parecían polvo suspendido. Cada sonido -sus pasos, su respiración- se sentía amplificado, como si el lugar la anunciara.
Ana avanzó despacio, respetuosa. Había símbolos tallados en la piedra de las columnas internas, antiguos símbolos, algunos le resultaban familiares ahora que conocía el si