Miradas III
Ana lo miró con atención. Había algo distinto en él. No era culpa lo que veía, sino preocupación. Una inquietud contenida, incómoda. Tuvo piedad del hombre y no continuó mostrando su enfado.
-Lo sé. -Respondió ella, tras un segundo. -Y… para ser sincera, el “accidente” me vino bien.
Ashven levantó la vista, sorprendido.
-¿Cómo?
-Estaba abrumada. -Admitió. -Demasiada gente y miradas. Gracias a eso pude irme, cambiarme… y decidir volver solo cuando me sentí cómoda. Nadie me juzgó por