Miradas
Ana notó el cambio antes de poder explicarlo.
No fue una frase directa ni un gesto evidente. Fue algo más fino, más incómodo. Un silencio que caía apenas entraba a un espacio. Miradas que se deslizaban hacia ella y luego se apartaban con demasiada rapidez. Sonrisas que no llegaban a los ojos.
Al principio pensó que era paranoia.
La noche anterior había sido larga, confusa, cargada de emociones que todavía no terminaban de asentarse. El rumor del accidente, la chaqueta de Ashven doblada sobre la silla de su habitación, el recuerdo del vino derramándose y de la sensación de alivio que había seguido a su huida… todo eso seguía girándole en la cabeza.
Así que se dijo que estaba cansada. Que estaba sensible.
Pero cuando cruzó el patio interno rumbo al comedor y tres mujeres interrumpieron su conversación apenas la vieron acercarse, supo que no era imaginación.
-Buenos días. -Saludó, por pura educación.
Recibió respuestas tardías, desordenadas. Una inclinación de cabeza. Otra que fi