81. CONFESARÉ MI VERDAD
ISABELLA
Me asusté tanto que caí sentada a un lado, importándome un comino todo el desastre que dejaba a mi paso.
—Esto… no… el hechizo… la ilusión… —lo miraba desvaneciéndose como un espejismo, lo cual me confirmaba ¡que él no estaba aquí realmente!
—Sé cuál hechizo usaste. Sí, me trajiste hasta donde estás y me metiste dentro de tus fantasías y, bebé… esto fue jodidamente caliente… qué mente más perversa tienes.
El sonrojo subió por mis mejillas.
Su sonrisa se volvió depredadora; mi corazón n