80. YO SOY MUY REAL
ISABELLA
Sin embargo, jamás llegaba a atravesar todas mis barreras, ni a liberar mi verdadero poder.
Pero era tanto mi placer que el dolor en mi espalda quedó sepultado bajo las capas del éxtasis.
El rugido de la bestia bajo mi cuerpo hizo temblar los cimientos de esta taberna.
Ilusión o no, realmente se sentía tan real, tan especial, tan nuestro…
Algo grueso empezó a estirarme al punto del dolor, y Diosa, que intenso; el placer de saber que mi macho me anudaba hizo vibrar cada poro de mi piel.