238. NO ERES RIVAL PARA MÍ
NARRADORA
Los empleados de la mansión al fin bajaron corriendo para ayudarlos a entrar y refugiarse de la lluvia.
Pero, para su completa sorpresa, esas dos personas que apenas podían mantenerse de pie se apoyaron la una en la otra y se negaron a refugiarse.
—Nuestra hija, hay que salvar a nuestra Kiara… —Héctor susurró, frunciendo el ceño mientras luchaba por sostenerse.
Su cuerpo apenas recordaba cómo moverse y solo la determinación lo empujaba.
—¿Kiara? —esas palabras también encendieron de n