54. TE MANTENDRÉ A SALVO
KADEN
Mis dedos encontraron el sensible clítoris y lo provoqué con toquecitos, pellizcándolo con suavidad entre mis dedos.
—Te ayudaré, pero no hago nada de gratis, mi Serafina —mi voz salió lobuna y peligrosa—. Este favor te va a salir bien caro.
Le subí de golpe la sudadera y esas dos preciosuras quedaron al descubierto, rebotando como dos manzanas maduras.
Mientras acariciaba entre los pétalos de su coño, aún resbaloso por mis corridas recientes, mi boca fue a chuparle esas tetas hermosas.
—¡Pervertido! ¡No… espera…! Mnn, ¡ah!, no me chupes tan duro… sshh sí… justo ahí…
Primero gritaba que no y luego gemía, meneando las caderas contra mi mano.
Mi lujuria volvió a incendiarse, pero ya la tregua con mi lycan estaba pasando.
Sentía ese dolor incómodo de nuevo en mi pecho.
Resistí solo por el deseo de complacerla, pero cuando su boca gimió gutural dentro de la mía y mis dos dedos fueron masajeados por los espasmos de esa vagina cachonda, tuve que escapar como una bestia reprimida.
—¡Ma