53. YO TE AYUDARÉ
KADEN
No me importaba estar apretado, la tenía prácticamente acostada sobre mi pecho, bajo la manta, y era simplemente perfecto para mí.
Habíamos bromeado de cualquier tontería, relajados como nunca, conversando de cosas íntimas que no comparto con cualquiera.
Sin tener que usar mi maldita máscara de indiferencia y perfección. Pero también esperaba a que ella se relajara para hacer las preguntas serias.
Savannah se tensó, no quería hablarme de ese tema, pero no lo dejaría pasar; necesitaba que