42. ¿QUIÉN SE LLEVÓ A MI SERAFINA?
NARRADORA
Aurelius vio la copa de vino tinto salpicar sobre Miska y ya no le sorprendía para nada la temeridad de Savannah.
Hasta ahora había estado controlando a Miska para que no le hiciera daño y, por lo que veía, tendría que cuidar aún más en silencio a esa Omega revoltosa.
Porque, de solo pensar que alguien podía hacerle daño, incluso él mismo, la ira quemaba en su pecho.
Bajó los escalones persiguiéndola, haciendo los papelazos que en su vida jamás había protagonizado por nadie.
—¡Su maje