273. HAY ALGO RARO CON ESTA BODA
NARRADORA
—Fanfarrón —Ágata resopló, balanceándose lentamente mientras miraba la vieja televisión en la esquina de la cabaña.
Sí, la misma cabaña que ahora ya no contenía esa magia poderosa.
No vibraban las paredes, no se abrían y cerraban las ventanas, ni la chimenea se convertía en una puerta de los horrores.
Solo parecía una vieja casa, como un cascarón que quedó vacío y lleno de recuerdos.
Ágata se cerró el chal, sintiéndose somnolienta.
Cada vez tenía menos fuerza para hacer nada y escapar