249. ATANDO TU ALMA
ALISTAIR
Rugí, ronco y desesperado, a punto de tomar el control, pero resistiéndome con todo.
Una sonrisa ladeada apareció en esos labios tan deliciosos, mientras apoyaba las manos en mis pectorales.
—¿No decías que yo era un fraude? —me habló incluso con condescendencia.
¡¿Qué hicieron con mi inocente Omega?!
—Está a tu alcance, mi príncipe. Si te esfuerzas un poco, puedes lograrlo…
—No puedo… sshh… aahh, joder, no puedo meterla atado así… ¡Sabes que no puedo, mujer malvada!
Mis caderas se mov