257. UN PLAN DE CASAMENTEROS
NARRADORA
Kaden miró entonces con disgusto la sangre dejada atrás. Por suerte, Alistair le había dado un cachivache de esos suyos para trasladarla como por arte de magia.
“Qué asco, joder”. Ash se tapó la nariz para resistir el hedor que salía de esa sangre medio muerta. Los vampiros eran seres repugnantes para él, prefería a los magos.
Con cara de estreñimiento, Kaden activó el artefacto, que envolvió como una tela brillante la botella rota y la desapareció como en un acto de pura magia.
—Bien