111. UN CEBO PARA ATRAPAR BRUJAS
NARRADORA
Miska hizo la misma pregunta que repetía una y otra vez ante cada tortura y, sin importar los gritos de súplica y los temblores de la Omega, bajó la pesada plancha candente sobre la espalda de una indefensa Savannah.
—¡Aagggrrrrrr! —el grito se mezcló con el olor a sangre y carne quemada que quedó adherida en la superficie caliente de la plancha.
El vapor candente subió y cubrió el rostro distorsionado por el cruel placer de la Alfa.
Volvió a bajar la plancha, una y otra vez, dejando