4- UN ERROR.

Volkan había gobernado el Clan Áurea durante dos siglos. Antes de convertirse en Alfa, había sido uno de los guerreros más temidos de su generación, un combatiente que había sobrevivido a incontables batallas y que había conquistado cada victoria.

Sin embargo, aun no tenía herederos.

Volkan había contraído matrimonio con Ágata, quien ocupaba el lugar de Luna. Sin embargo, después de varios intentos descubrieron que Ágata era estéril y jamás podría darle descendencia.

Una tarde, mientras ambos conversaban en privado, reveló aquello que lo inquietaba.

—Los años pasan y sigo sin tener un heredero —resaltó.

—Perdóneme por no poder cumplir con mi deber como Luna —se lamentó Ágata—. No puedo darle un cachorro, pero puedo ayudarle a encontrar a la mujer que lo haga. Yo misma me encargaré de buscar a una loba con la que pueda compartir su lecho y darle el heredero que necesita.

Volkan aceptó aquella propuesta. Poco tiempo después, Ágata encontró a la primera candidata.

Sin embargo, la loba murió intentando dar a luz. Entonces, buscaron una segunda mujer, y el desenlace volvió a repetirse. Ella tampoco logró sobrevivir.

El linaje de Volkan era extraordinariamente dominante. Había nacido para la guerra, poseía una constitución física imponente y una fuerza descomunal, por lo que cada embarazo terminaba en muerte.

A partir de ese momento, Ágata cambió su estrategia. En lugar de buscar una sola candidata, comenzó a reunir a varias. Así fue como, poco a poco, terminó formando el harén destinado a Volkan para su temporada de celo.

En aquella ocasión, el destino alteró todos los planes. Por un giro inesperado, Galilea terminó mezclada entre las mujeres seleccionadas. Y fue ella quien capturó el interés del Alfa debido a su aroma.

Una fragancia cálida, dulce y envolvente, semejante a la miel recién extraída del panal, invadió sus sentidos y despertó a su lobo, quien la reconoció como su mate.

Volkan comenzó a caminar hacia ella. Cada paso que daba hacía que su imponente figura pareciera crecer todavía más ante los ojos de Galilea. Era un Alfa descomunal, de hombros anchos, musculatura poderosa y una presencia dominante.

Ella tragó saliva al comprender que aquel hombre no se dirigía hacia ninguna de las otras candidatas, sino hacia su persona. Luego levantó la mano y la sostuvo por la nuca.

Sus dedos prácticamente rodearon el cuello de Galilea, obligándola a mantener el contacto visual.

El contacto de aquella palma enorme, cálida y llena de autoridad hizo que sus hombros se pusieran rígidos. Una corriente recorrió todo su cuerpo, mientras un estremecimiento le erizaba la piel desde la nuca hasta la espalda.

Al mismo tiempo, un aroma embriagador comenzó a envolverla. Era una fragancia salvaje y extrañamente reconfortante que penetró hasta lo más profundo de su conciencia.

En ese mismo instante, su loba también reaccionó.

«¡Mate!»

Galilea quedó consternada. No entendía cómo su loba podía reconocer a aquel hombre como su compañero destinado cuando ya tenía uno.

Alchester nunca la había rechazado. Entonces, ¿cómo era posible que el destino estuviera colocándole delante a otro mate?

Mientras intentaba encontrar una explicación, descubrió que su propio cuerpo respondía involuntariamente a la cercanía de Volkan, estremeciéndose bajo el influjo de aquel aroma que parecía reclamarla desde lo más profundo de su alma.

Sin apartar la mano de su nuca, Volkan habló con autoridad.

—Todas fuera —ordenó.

Su esposa, Ágata, quedó consternada. No creyó que elegiría precisamente a la mujer que se hallaba allí por error, pues no formaba parte de su selección.

—A-alfa, necesito hablar con usted un momen—

—Dije todas fuera.

Ágata quería explicarle que Galilea no fue elegida para el harén, pero sabía mejor que nadie que contrariar a Volkan tenía consecuencias graves.

Sin más opción, la Luna dirigió la vista hacia las mujeres.

—Síganme.

De este modo, todas abandonaron la alcoba.

Cuando la puerta se cerró, Volkan se asomó al cuello de Galilea e inhaló su fragancia. Ya no le quedaba la menor duda. Era ella, era su mate.

Entonces levantó nuevamente la cabeza hasta quedar a escasos centímetros de su rostro. Debido a la enorme diferencia de estatura, Galilea tuvo que alzar la vista para encontrarse con aquellos penetrantes ojos azules.

—Y-yo... D-debe haber un error... —tartamudeó ella, queriendo explicarse—. Y-yo ni siquiera sé qué hago aquí—

Volkan acortó la escasa distancia que los separaba y silenció sus palabras con un beso impulsado por el irrefrenable llamado del vínculo.

Galilea abrió los ojos con desconcierto, sin poder seguirle el ritmo. Volkan introdujo su lengua en la boca de ella, explorando su interior. El beso fue tan salvaje que una línea de sangre apareció en el labio inferior de la loba. 

Después de todo lo sucedido con Alchester, esperaba sentir miedo o repulsión; en cambio, el vínculo que acababa de despertar hizo que en realidad lo disfrutara.

Volkan no tenía intención alguna de hablar, no estaban allí para eso. El objetivo era el apareamiento y estaba decidido a llevarlo a cabo.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP