Las lágrimas no dejaban de salir de sus ojos a medida que más se acercaba a su nueva dirección.
Su pecho le dolía y sentía una sensación de ahogo. No podía respirar.
Pensar en Ben, recordar el día en que lo conoció, lo feliz y dulce que se mostró siempre. Sin duda había sido un ángel en su camino, pero ella lo contaminó con sus engaños y mentiras. Y por eso no tenía perdón.
La idea de que Ben ya no estuviera en este mundo era insoportable, no sabía si podría vivir con eso.
Amaya llegó a la