—¿Cómo es que pueden vivir aquí?—miró a su alrededor con ojo crítico, dándose cuenta de que el lugar no podía ni siquiera llamarse casa. Las paredes eran de latón, el piso de cartón, así que era casi igual que vivir en la calle.
La expresión de Lara se endureció al darse cuenta de su desaprobación.
—No preguntes —fue su respuesta. Su voz se escuchó mucho más fuerte y gutural que antes.
Ben no estuvo de acuerdo, pero aun así, aceptó pasar la noche en el pequeño rincón que habían dispuesto para