No había tenido más opción que aceptar alquilar en ese lugar. Se trataba de una casa vieja y en muy mal estado, la zona tampoco ayudaba.
Al llegar, Amaya notó varios hombres en una esquina, al parecer consumían. Rogó internamente para que su madre no se diera cuenta de esto. Porque sabía que si se percataba, entonces aquello sería un grave problema.
Las niñas se mostraban muy cansadas y no dejaban de llorar, aparentemente también estaban hambrientas.
Los ojos de Amaya se humedecieron con dol