La cama se sentía tan suave y su cuerpo se encontraba tan cansado que no quería moverse. Realmente no…
Sin embargo, un rayo de luz solar, trajo consigo el recuerdo de por qué no debería estar en esa habitación.
Amaya se enderezó bruscamente, descubriendo su cuerpo desnudo y una cama desconocida. En realidad no era una cama desconocida, era la cama de Damián, y eso lo hacía aún peor.
—Maldición —murmuró, mientras se ponía rápidamente de pie y recogía su ropa que se encontraba desperdigada por