—No eres más que un inútil que no sabe hacer nada bien. ¡Sal de mi vista de una buena vez! —ordenó Aníbal, sin detenerse realmente a revisar ninguno de los informes llevados por Ben.
—Padre, ni siquiera ha abierto la carpeta —contestó el joven con los dientes apretados, harto de sus constantes desplantes y faltas de respeto.
—Ahora resulta que me vas a decir que hacer—lo miró de arriba a abajo, como si no fuera más que una sabandija a la que podría pisotear en cualquier momento—. ¿Quién te cre